En el anterior post les comentaba sobre la fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Tama. En el post de hoy quiero hablar un poco sobre la imagen de Ella.
Al concluir la Misa del ultimo día de la novena quise quedarme en el Templo para hacer un rato de oración, aprovechando que mis padres se iban a un pueblo cercano a encargarse de unos negocios. Debo reconocer que no tenia muchas ganas de ir, pero sabia que Ella me esperaba, es este uno de los pocos lugares donde siento la presencia maternal de Nuestra Señora. Es como si en este lugar la Santísima Virgen me dijera lo mismo que a San Juan Diego: -"¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Qué más puedes querer?" (.- Nican Mopohua, v. 119.).
Entonces en el silencio de la noche, cuando el templo estaba casi a oscuras, casi en soledad, me dispuse a tener un sencillo dialogo con Nuestro Señor y su Madre. Cuantas cosas para decirle! Cuantas cosas para pedirle! Cuantas cosas para agradecerle! Pasaron por mi cabeza muchas personas, por todas rogué. Me di cuenta que tenia tantas cosas para agradecer, tantas gracias recibidas por intermedio de Santa María, me percate de que el hecho de estar ahí ya era una gracia. Estuve quizás unos 40 minutos dentro del Templo, minutos en compañía del Señor y su Madre, minutos de gran paz y sosiego, yo se que Ella escucha mis oraciones y las presenta puras ante el Trono del Altísimo. Nunca me ha abandonado su maternal protección.
Al estar delante de la sagrada imagen de la Santísima Virgen pensaba en mi abuelo y mis antepasados, ellos también veneraron con mucho amor y devoción esta imagen, cuantas veces vio sus lagrimas y escucho sus ruegos, cuantas veces los habrá protegido de los peligros del cuerpo y del alma, cuantas veces habrá hecho llover en sus campos, tantos fueron los auxilios de la Señora del Cielo! Rogué por ellos para que tengan el premio de la Vida Eterna en el Cielo.
Recordaba también las anécdotas de las que les comentaba en el post anterior, en verdad fueron minutos con mucha emoción que me dejaron una especie de regocijo en el alma con un sentimiento de confianza en Cristo y su Madre.
En lo personal, la imagen de la Virgen que se venera en Tama, me causa mucha devoción y simpatía. Se trata de una imagen que aunque es de vestir tiene el cuerpo integro, con cabello de verdad, el bebito Jesús también es de vestir. Ambas imágenes son de tez blanca y portan coronas en sus cabezas, Ella lleva en sus manos un gran Rosario de cinco misterios. El cuerpo de la Virgen es marcadamente femenino y su rostro muy dulce y bello. El pequeño Jesús es también de cuerpo integro, su carita tiene mucha inocencia y ternura.
Espero que el post les haya gustado, seguiremos en la aventura!!
Patrick Mary.


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