Y digo que no me hacia tanta gracia por que eso significaba salir del yermo por la mañana para dirigirme al Convento de los Padres Franciscanos, lugar donde con mucha seguridad puedo encontrarlo de martes a sábado por la mañana, y para llegar a este lugar debo tomarme el bondi, cosa que mucho me desagrada y generalmente me bajo muy mareado, debo también regresar al yermo en bondi, bajándome mas mareado. Previo a embarcarme en esta odisea debo asegurarme de que el joven sastre se encuentre en el Convento, esto suele complicarse un poco ya que no contesta con inmediatez los mensajes y no atiende los llamados.
Alguien un poco mas lucido se habrá preguntado: ¿que tiene que ver el sastre con el Convento?
Pues bien, resulta ser que el mencionado trabaja de secretario en el susodicho.
En algunas ocasiones termino metiendo mano en la sacristía y en el templo, hurgando el ropero de los ornamentos, revisando las reliquias de los santos, entre otras cosas típicas de que se pueden esperar de mi. Podría decirse que tiene cosas buenas ir hasta ahí.
Entonces, una mañana me decido a ir, prepare un par de excusas y tome viaje. Iba a aprovechar para confesarme y venerar una imagen de Santa Teresa de Jesús, no me tome el trabajo de preguntar si estaba el secretario ya que verlo no era lo único a lo que iba.
Mientras viajaba en el colectivo examinaba mi conciencia y hacia un poco de oración mental, tratando de hallar sentimientos de contrición. Al llegar espere un poco y me atendió uno de los padres. Con el alma y el animo renovados después del sacramento de la penitencia me llegue hasta la secretaria.
Charlamos un poco con el secretario, estaban también el sacristán y un chango que suele ser del coro, en un momento tuvimos que despejar el área porque había gente que necesitaba hacer unos tramites, así que nos fuimos al pasillo a charlar, hasta aquí podríamos decir que todo bien.
Pero paso algo que hizo que realmente valiera el hecho de haber ido. Y esto tan especial que paso fue que ella (una chica muy especial para mi), llegara por el Convento. El solo hecho de haber intercambiado unas cuantas palabras para mi es suficiente para cambiarme la cara y hacerme sentir bien durante varios días.
Insisto en esto: son increíbles las cosas que puede hacer y causar una mujer. Ya no me importaban las sotanas, no me importaban mis excusas, no me importaba charlar con nadie mas, ni siquiera me importaba el bondi.
Y bueno, las sotanas nuevas están ahí como en stop, espero que Don Alberto me mande nuevamente, así quizás podre verla a ella.
Aventuras que sin querer dan pie a mas aventuras...
Patrick Mary.
Alguien un poco mas lucido se habrá preguntado: ¿que tiene que ver el sastre con el Convento?
Pues bien, resulta ser que el mencionado trabaja de secretario en el susodicho.
En algunas ocasiones termino metiendo mano en la sacristía y en el templo, hurgando el ropero de los ornamentos, revisando las reliquias de los santos, entre otras cosas típicas de que se pueden esperar de mi. Podría decirse que tiene cosas buenas ir hasta ahí.
Entonces, una mañana me decido a ir, prepare un par de excusas y tome viaje. Iba a aprovechar para confesarme y venerar una imagen de Santa Teresa de Jesús, no me tome el trabajo de preguntar si estaba el secretario ya que verlo no era lo único a lo que iba.
Mientras viajaba en el colectivo examinaba mi conciencia y hacia un poco de oración mental, tratando de hallar sentimientos de contrición. Al llegar espere un poco y me atendió uno de los padres. Con el alma y el animo renovados después del sacramento de la penitencia me llegue hasta la secretaria.
Charlamos un poco con el secretario, estaban también el sacristán y un chango que suele ser del coro, en un momento tuvimos que despejar el área porque había gente que necesitaba hacer unos tramites, así que nos fuimos al pasillo a charlar, hasta aquí podríamos decir que todo bien.
Pero paso algo que hizo que realmente valiera el hecho de haber ido. Y esto tan especial que paso fue que ella (una chica muy especial para mi), llegara por el Convento. El solo hecho de haber intercambiado unas cuantas palabras para mi es suficiente para cambiarme la cara y hacerme sentir bien durante varios días.
Insisto en esto: son increíbles las cosas que puede hacer y causar una mujer. Ya no me importaban las sotanas, no me importaban mis excusas, no me importaba charlar con nadie mas, ni siquiera me importaba el bondi.
![]() |
| Imagen de Santa Teresa de Jesús que se conserva en el Convento de los Padres Franciscanos. |
Y bueno, las sotanas nuevas están ahí como en stop, espero que Don Alberto me mande nuevamente, así quizás podre verla a ella.
Aventuras que sin querer dan pie a mas aventuras...
Patrick Mary.





























