miércoles, 25 de septiembre de 2013

Llegará la Primavera...

A un grupito de jóvenes que tenia en la catequesis (se confirmaron en Pentecostés), les repetía cada tanto que en cierto modo la llegada de la primavera a la Iglesia dependía de ellos, debían ser ellos la primavera; quizás los entusiasmaban mucho estas palabras pues veía que ponían mas atención cuando hablaba así. Algunos permanecen aun en la parroquia haciendo distintas tareas, eso me da mucha felicidad pues veo que la realidad parroquial comienza a cambiar.

Mucho se habla en ambientes poco conservadores de que la primavera ya llegó a la Iglesia, que el Concilio Vaticano II trajo grandes cambios, que hubo una renovación en las cosas, un cambio en las mentalidades, una apertura hacia el mundo y tantas cosas mas...
Pero, que puedo decirles? Cuando veo los abusos y sacrilegios en la liturgia, las ofensas y negligencias que se cometen contra el Santísimo Sacramento del Altar, que los religiosos y religiosas abandonan sus hábitos y reglas, que los sacerdotes están cada vez mas desacralizados, las familias desmoralizadas y una larga lista de etc., pienso que la primavera no ha llegado y seguimos en el más crudo invierno, un invierno que va a durar un largo tiempo.

Pero yo quiero ver la primavera en la Iglesia y trabajo en la medida de mis fuerzas y posibilidades para que llegue pronto. Porque yo también quiero ver el florecimiento de las familias católicas, el florecimiento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, el renacimiento sacro en la Liturgia, yo quiero ver los templos llenos de gente que participe activa y conscientemente de las acciones sagradas. Yo también quiero ver que la Iglesia Esposa camine hacia Cristo Esposo que viene hacia ella.

No pierdo las esperanzas de que la primavera pronto llegará...

Surge, propera, amica mea,
columba mea, formosa mea, et veni:

jam enim hiems transiit;
imber abiit et recessit.

Flores apparuerunt in terra nostra;
tempus putationis advenit:
vox turturis audita est in terra nostra;

ficus protulit grossos suos;
vineae florentes dederunt odorem suum.

Surge, amica mea, speciosa mea, et veni:
columba mea, in foraminibus petrae, in caverna maceriae,

ostende mihi faciem tuam,
sonet vox tua in auribus meis:
vox enim tua dulcis, et facies tua decora.

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