Mucho se habla en ambientes poco conservadores de que la primavera ya llegó a la Iglesia, que el Concilio Vaticano II trajo grandes cambios, que hubo una renovación en las cosas, un cambio en las mentalidades, una apertura hacia el mundo y tantas cosas mas...
Pero, que puedo decirles? Cuando veo los abusos y sacrilegios en la liturgia, las ofensas y negligencias que se cometen contra el Santísimo Sacramento del Altar, que los religiosos y religiosas abandonan sus hábitos y reglas, que los sacerdotes están cada vez mas desacralizados, las familias desmoralizadas y una larga lista de etc., pienso que la primavera no ha llegado y seguimos en el más crudo invierno, un invierno que va a durar un largo tiempo.
Pero yo quiero ver la primavera en la Iglesia y trabajo en la medida de mis fuerzas y posibilidades para que llegue pronto. Porque yo también quiero ver el florecimiento de las familias católicas, el florecimiento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, el renacimiento sacro en la Liturgia, yo quiero ver los templos llenos de gente que participe activa y conscientemente de las acciones sagradas. Yo también quiero ver que la Iglesia Esposa camine hacia Cristo Esposo que viene hacia ella.
No pierdo las esperanzas de que la primavera pronto llegará...
Surge, propera, amica mea,
columba mea, formosa mea, et veni:
jam enim hiems transiit;
imber abiit et recessit.
Flores apparuerunt in terra nostra;
tempus putationis advenit:
vox turturis audita est in terra nostra;
ficus protulit grossos suos;
vineae florentes dederunt odorem suum.
Surge, amica mea, speciosa mea, et veni:
columba mea, in foraminibus petrae, in caverna maceriae,
ostende mihi faciem tuam,
sonet vox tua in auribus meis:
vox enim tua dulcis, et facies tua decora.






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